Dios mismo es el arquitecto y fundador de la familia. Por eso si le importa la manera en que tú te llevas con tus hermanos y con tus padres. A Él le importa si tu papá es un buen padre, si tu amas a tu madre y si ella te respeta a ti, si tus hermanos son fieles y si hay una relación constructiva y de amor entre todos ustedes.
Las relaciones familiares no son de las ideas e intereses de los padres; el Señor mismo quiso formar familias para la protección y el bienestar de sus miembros. Así que Dios es el inventor de la familia.
A lo largo de la historia bíblica, Dios ha usado las relaciones familiares para llevar a cabo sus planes. ¿Puedes recordar algunas familias que sirvieron al Señor con entusiasmo? ¡Claro! La familia de Noé fue salvada del diluvio por la gracia de Dios.
Fíjate bien que Dios no salvo a un individuo, sino a una familia; ocho personas que fueron fieles en medio de un mundo perverso. Además, las historias de Abraham, Isaac, Jacob y José son relatos en los que la familia tiene un lugar muy importante. Las relaciones entre padres e hijos son las que mueven la acción y avanzan los propósitos de Dios para el mundo. Recuerda, por ejemplo, que de la familia de Abraham vendría el Señor Jesucristo para ser bendición a <<todas las familias de la tierra>>.






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