
Fracasan muchos hombres, demasiados, en los negocios y en la vida matrimonial, en la profesión y en tantas otras cosas. Le echan la culpa a la mala suerte que persigue a uno hasta atraparlo. Hay gentes, que, creen haber nacido con esa mala suerte que inexorablemente los hace llegar al fracaso; otros, echan la culpa de sus fracasos al ambiente, a los demás, se enojan contra todo y contra todos, con amargura, porque los ven como enemigos de su triunfo.








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